lunes, 12 de febrero de 2018

Buñuel y su relación con García Lorca: La casa de Bernarda Alba

¿Fue una frustración para Buñuel, el no poder adaptar la obra de su amigo Federico García Lorca, La casa de Bernarda Alba? La adaptación cinematográfica de la obra teatral de su amigo, ha acompañado al aragonés durante más de 30 años. Veamos cuáles son esos intentos fallidos:

1) 1946:
Denise Tual, productora y directora francesa y conocida de Buñuel en París, llega a Estados Unidos y encuentra a Buñuel en situación poco satisfactoria. Le propone la adaptación de La casa de Bernarda Alba, para coproducirla en México con Oscar Dancigers. Lo ocurrido con este primer fracaso lo cuenta detalladamente Fernando Gabriel Martín:
García Lorca y Buñuel
“Le propongo hacer un film sacado de La maison de Bernarda, de Federico García Lorca. Es, me parece, una buena idea de productor. Tras el film de Bresson, producir un film solamente interpretado por mujeres, tan violento y diferente. No tengo tiempo de acabar mi frase. Es un tema que le gusta, que le ata a su juventud, a su amigo Lorca, a España… Se entusiasma. Viene a verme, sus ojos brillan. Ha reencontrado la sonrisa. No tengo necesidad de otro argumento para conven­cerle de seguirme a México...
Entre mayo y octubre de 1946, Buñuel viajó tres veces a Ciudad de México. La primera fue solo junto a Tual, que también financió los billetes y el hotel, y Jeanne permaneció en Los Ángeles con los niños. Pero a Dancigers no le pareció apropia­do el tema del proyecto para realizarlo en México y Tual decidió cambiar de país: "Nuestro entusiasmo no es compartido. Tanto peor para México, la haremos en París." […][Tual]
Buñuel telefoneó a Francisco García Lorca, que vivía en Nueva York, y acordó una cita con Tual para tratar la venta de los de­rechos de la obra de su hermano, pero el encuentro fue poco positivo:

domingo, 4 de febrero de 2018

El misterio Buñuel y Luis Buñuel o la mirada de la Medusa, dos obras que merecen la pena leer.

La vida y obra de Buñuel posee una abundantísima bibliografía y no suelo dar noticias de las novedades que se producen, salvo cuando la obra merece la pena y este es el caso de las dos novedades que voy a comentar brevemente a continuación:

Y lo hago, porque ambos libros dan información de primera mano sobre el realizador y por tanto nos permiten conocerle mejor.
El misterio Buñuel recoge las opiniones de 116 personas que colaboraron con el realizador (nueve guionistas, diez productores, veintinueve actrices, veintitrés actores, dos directores de fotografía, dos operadores de cámara, tres directores artísticos, tres editores, una script, dos maquillistas, dos fotógrafos, dos novelistas adaptados, otros tantos asistentes de dirección y de edición, un electricista, cuatro escritores y críticos, un representante artístico y dieciséis realizadores entre otros). Testimonios recogidos tanto directamente de los distintos autores, como de otras fuentes. Un excelente forma de conocer, tanto la personalidad del autor, como su obra. Como única pega, la falta de referencia tanto a la fecha en que se tomaron los testimonios, como de la fuente de origen en los que no se tomaron directamente.


Luis Buñuel o la mirada de la Medusa, es, como indica el subtítulo del libro, un ensayo inconcluso de alguien que conoció muy bien al realizador: Carlos Fuentes. La edición de este libro inconcluso ha corrido a cargo de Javier Herrera Navarro, un especialista en la obra del aragonés, que ha hecho, como es habitual en él, una labor rigurosa en la edición de este proyecto inacabado. El libro incluye, junto al ensayo de Fuentes, diferentes comentarios del propio Buñuel, que fueron recogidos por el ensayista y amigo del realizador y la correspondencia mantenida entre ellos. El interés del libro estriba, por una parte en la información de primera mano sobre el realizador (comentarios  y correspondencia de Buñuel) y por otro en el ensayo inacabado del Carlos Fuentes. Como pega, que el mexicano no llegara a concluir su obra. Algunos de sus artículos sobre el realizador son de los más agudos que se han escrito.

domingo, 28 de enero de 2018

Buñuel y las arañas

Son numerosos los testimonios de Buñuel sobre su miedo a las arañas:
Tengo miedo a las arañas. Toda mi familia lo tiene. Esos bichos me horrorizan, pero también me atraen mucho. Conozco bastante sus costumbres[1].
A Max Aub le confesó:
—¿Y esto de: «Luis abandona la taberna del Segoviano, donde cenaba con Sánchez Ventura una tortilla de patatas»? «¡Va a salir una araña, una araña! Te espero en Platerías.» ¿Qué es todo esto?
Robinson Crusoe
Fue así. Vi una tejemanería rústica en un boto y me fui porque había una araña. Ya sabes que no las soporto […] La vi con sus patas enormes y salí corriendo. A las arañas las admiro, pero me repugnan. No sé por qué, todos los Buñuel somos así. Sólo de noche. De día, no. Las miro. Filmando no sé qué película, aquí, tomé con la mano una araña grande como la propia mano. [2]
Me gustan y no me gustan las arañas. Se trata de una manía que comparto con mis hermanos y mis hermanas. Atracción y repulsión a la vez. En el transcurso de las reuniones familiares, podemos estarnos horas enteras hablando de arañas. Meticulosas y terroríficas descripciones.[3]

domingo, 14 de enero de 2018

Buñuel y la elipsis

La elipsis es una figura del lenguaje cinematográfico mediante la que se suprimen determinadas partes de una escena, pero que no impiden la perfecta comprensión de la misma por parte del espectador. Todos los realizadores la utilizan para eliminar las partes de la escena que no tienen ningún interés. Normalmente, en el cine una elipsis tiene una función narrativa (condensar la acción), o metafórica.

Él
Pero en Buñuel, a veces, la elipsis tiene un carácter al mismo tiempo metafórico y narrativo: “En Él, tras la seducción de Gloria, prometida de su amigo, por Francisco, saltamos a una explosión en una montaña. Esa explosión nos avisa sobre lo que tras el beso de Francisco y Gloria espera agazapado, y nos relanza a una nueva situación: el antiguo prometido de Gloria trabaja en el grupo y, bastantes meses después, debe volver a la misma ciudad en la que un amigo le arrebató a su amor.”[1]

martes, 2 de enero de 2018

Buñuel y el gag.

En el post anterior decíamos que Lubitsch y Buñuel eran los reyes del flash-back invisible. También están relacionados en el tema que hoy nos ocupa: el gag. “La brevedad y la sorpresa eran cualidades esenciales del “toque Lubitsch”, con lo que éste se internaba decididamente en los dominios del gag, ya que se trataba de concretar súbitamente la quintaesencia de un tema mediante un comentario socarrón que lo decía todo. Un comentario visual, naturalmente.
Gómez de la Serna
Hasta aquí estamos en los dominios de la analogía. Sin embargo, a Buñuel le gustaba trabajar en terrenos más resbaladizos y fructíferos. En sus más personales momentos, Buñuel fue capaz de hacer colisionar imágenes sin nexo aparente, que –sin que nosotros sepamos por qué- nos obligan a penetrar en una dimensión mucho más honda de la realidad. Son imágenes irracionales, a primera vista opacas y difícilmente descodificables. Debido a su potencia, no se dejan neutralizar, ya que es imposible reducirlas a un significado unívoco o a un “simbolismo” lineal y tradicional.”[1]
El gag está presente en la obra del realizador desde sus mismos inicios. “De alguna manera, se trata de un injerto entre las greguerías de Ramón Gómez de la Serna, la poesía de Benjamin Péret y el cine de Buster Keaton. Palabra esta, la de gag, que suele traducirse en español por golpe, lo que presupone una contundencia que se aviene perfectamente con la contundencia del cineasta aragonés”.[2]

domingo, 17 de diciembre de 2017

Luis Buñuel y el flash-back

Truffaut y Buñuel durante el rodaje de Tristana
François Truffaut escribió: “Lubitsch y Buñuel son los reyes del flash-back invisible, del flash-back que se introduce no sólo sin cortar el hilo de la historia sino que, al contrario, toma el relevo en el preciso instante en que ésta empezaba a flaquear. Al mismo tiempo, son los reyes de la “vuelta al presente” que nos obliga a dar un bote en nuestra butaca porque parece un “directo”, un “directo” lanzado hacia atrás y hacia adelante. Ese gancho es siempre un gag, cómico en Lubitsch, dramático en Buñuel.”[1]
Sin tener en cuenta los letreros que indican saltos temporales en Un perro andaluz, ya en La edad de oro encontramos su primer flash-back, cuando vemos al protagonista recibiendo del Ministro del Interior un diploma acreditativo.
Pero son sin lugar a dudas Él y Ensayo de un crimen, los ejemplos supremos de ese uso ejemplar por parte de Buñuel del flash-back o flashback que lo mismo da y por eso nos vamos a centrar más en ellas.

domingo, 3 de diciembre de 2017

La mujer en el cine de Luis Buñuel ( II )

Continuando con el tema iniciado en el último post, amos a ver ahora algunas de las protagonistas más características del cine de Buñuel:

Mujeres devoradores de hombres/mujeres fatales:
*Susana (Susana): acaba siendo ese oscuro objeto del deseo que todos quieren poseer a toda costa. La hembra que conturba todo cuanto le rodea. La naturaleza salvaje hecha mujer. Es como si la irreprimible naturaleza, los instintos primarios, el viejo deseo de La edad de oro, derribara el orden artificioso y elaborado que representa la institución familiar.[12]
Susana: Susana
*Paloma (El Bruto) es el personaje femenino típico de la etapa mexicana de Buñuel: por medio del juego de su sexualidad controla el medio que la rodea. Aunque don Andrés, su amante, no satisface sus necesidades sexuales, sí satisface las de alimentación, vestido y alojamiento. En cambio, su relación con el Bruto, a quien considera de su propiedad, resulta puramente sexual. Cuando ve el peligro de perderlo, llega a determinar tanto el futuro de éste como el de don Andrés.
Por la forma como juega con su sexualidad, Paloma se relaciona […] la protagonista de Susana y con Raquel, de Subida al cielo. Con esta última se asimila también porque son lo opuesto al amor puro, limpio y convencional.[13]

domingo, 19 de noviembre de 2017

La mujer en el cine de Luis Buñuel ( I )

Este es uno de los temas más controvertidos en relación con Luis Buñuel y donde  se muestra, una vez más, las contradicciones que rodeaban la vida del realizador. Para tener una visión más completa del tema, considero necesario haber leído mi post Luis Buñuel visto por… su esposa,
Buñuel nació en 1900 y se educó en una familia muy tradicional, como lo indica el siguiente comentario de su amigo Pepín Bello, buen conocedor del realizador: “Me contaba, en plan de costumbres familiares y de admiración hacia su padre, que en la mesa, su padre se sentaba en la cabecera, en la otra María, su madre, a la derecha él y sus dos hermanos, Leonardo y Alfonso, y a la izquierda, sus cuatros hijas. Durante la comida, no hablaba más que don Leonardo, el padre, que dirigía la palabra nada más que a los varones. A la mujer y a las hijas ni les preguntaba, no hablaban nunca en la mesa [...]
De obligada lectura para
entender los celos de Buñuel
Él estaba orgulloso. Se reía, pero lo admiraba. Y lo practicaba, por supuesto. Era un machista horroroso como yo no he conocido otro...Para él, eso de que ella [su mujer] tuviera sus escarceos intelectuales y tocase el piano era demasiado, no lo podía digerir...[1]
En la época de Filmófono vivía con su mujer y su hijo en Madrid...A su mujer nunca la llevaba de excursión [...] Es más las veces en que yo he estado en su casa, ella jamás ha comido en la mesa.[2]
Cuando para el homenaje que se le iba a dar en España en 1980 se invitó también a las esposas de los cineastas, Buñuel dijo: Nada, nada, las mujeres se quedan en casa, como debe ser.[3]
La mujer debía permanecer en casa, dedicada exclusivamente a él y a sus hijos. La casa era su guarida: a sus amigos (los de Luis) les estaban abiertas las puertas; a los de su mujer e hijos, cerradas.[4]
Al mismo tiempo: “Buñuel con las mujeres tenía un respeto tremendo, procuraba no decir tacos ni nada. Y como los dijeran los demás se enfadaba muchísimo. Era de una educación espartana...Era la educación que había tenido...”[5]
Que quede claro: A nivel personal Buñuel era un machista y un celoso tremendo, vamos, para no deseárselo a ninguna mujer.

domingo, 5 de noviembre de 2017

Foto-fija y algunas películas de Buñuel

foto-fija
El foto-fija o fotofija es un profesional que toma fotografías durante el rodaje de una película, generalmente con carácter publicitario. Las fotografías suelen tomarse después de rodada la escena y buscan hacer explícito lo que se pretende en esa escena, pero que no se ajusta a la tensión emocional del fotograma original. Estas fotografías también reciben el nombre de foto-fija.
En el post de hoy vamos a ver una serie de estas foto-fijas, comparadas con los fotogramas reales de las películas, cuando sea posible, porque en algunos casos no guardan ninguna relación. Solo hemos escogido algunos ejemplos, entre los muchos que hay.
La primera fotografía es de Viridiana, pero nunca se rodó esta escena. Los mendigos nunca están todos juntos en la plaza. Cuando son recogidos en la plaza, lo son en dos lugares diferentes, como se ve en los siguientes fotogramas y otros dos que llegan directamente a la finca, cuando los demás están allí.

domingo, 22 de octubre de 2017

Las relaciones entre Luis Buñuel y la guardia civil

Cuando Alberto Isaac, director de la película En este pueblo no hay ladrones, 1965, le propuso a Buñuel ir de actor, le contestó: Sí, voy de actor, pero siempre que me des un papel de guardia civil o de cura.[1] De hecho en otra ocasión declararía: Me hubiera gusta­do también interpretar a un guardia civil y a un oficial nazi.[2]
Estas declaraciones, están relacionadas indicutiblemnte con su sentido del humor. Su relación con la guardia civil empezó de joven y está salpicada de diferentes anécdotas. Al realizador siempre le ha gustado gastar “bromas”: «Una de estas consistió en vestirse de cura una noche.[…] Por aquellos días se había escapado de Alcañiz un cura loco. Quizá lo sabía Luis, quizá no. De todas maneras, al pasar delante de una mujer que llevaba un niño de pecho en brazos se lo arrebató y se fue con el mismo. La reacción de la madre fue histérica. Al darse cuenta de la enormidad de lo que hacía, el disfrazado le devolvió el crío, disculpándose: «¡María, María, que soy yo, Luis; que solo era una broma!».
José Repollés relataba que, a raíz de aquella travesura, el joven Buñuel tuvo problemas con la Guardia Civil.[3]