domingo, 19 de noviembre de 2017

La mujer en el cine de Luis Buñuel ( I )

Este es uno de los temas más controvertidos en relación con Luis Buñuel y donde  se muestra, una vez más, las contradicciones que rodeaban la vida del realizador. Para tener una visión más completa del tema, considero necesario haber leído mi post Luis Buñuel visto por… su esposa,
Buñuel nació en 1900 y se educó en una familia muy tradicional, como lo indica el siguiente comentario de su amigo Pepín Bello, buen conocedor del realizador: “Me contaba, en plan de costumbres familiares y de admiración hacia su padre, que en la mesa, su padre se sentaba en la cabecera, en la otra María, su madre, a la derecha él y sus dos hermanos, Leonardo y Alfonso, y a la izquierda, sus cuatros hijas. Durante la comida, no hablaba más que don Leonardo, el padre, que dirigía la palabra nada más que a los varones. A la mujer y a las hijas ni les preguntaba, no hablaban nunca en la mesa [...]
De obligada lectura para
entender los celos de Buñuel
Él estaba orgulloso. Se reía, pero lo admiraba. Y lo practicaba, por supuesto. Era un machista horroroso como yo no he conocido otro...Para él, eso de que ella [su mujer] tuviera sus escarceos intelectuales y tocase el piano era demasiado, no lo podía digerir...[1]
En la época de Filmófono vivía con su mujer y su hijo en Madrid...A su mujer nunca la llevaba de excursión [...] Es más las veces en que yo he estado en su casa, ella jamás ha comido en la mesa.[2]
Cuando para el homenaje que se le iba a dar en España en 1980 se invitó también a las esposas de los cineastas, Buñuel dijo: Nada, nada, las mujeres se quedan en casa, como debe ser.[3]
La mujer debía permanecer en casa, dedicada exclusivamente a él y a sus hijos. La casa era su guarida: a sus amigos (los de Luis) les estaban abiertas las puertas; a los de su mujer e hijos, cerradas.[4]
Al mismo tiempo: “Buñuel con las mujeres tenía un respeto tremendo, procuraba no decir tacos ni nada. Y como los dijeran los demás se enfadaba muchísimo. Era de una educación espartana...Era la educación que había tenido...”[5]
Que quede claro: A nivel personal Buñuel era un machista y un celoso tremendo, vamos, para no deseárselo a ninguna mujer.

¿Pero, y sus películas?
Aquí no está nada claro. La mujer es la protagonista más o menos directamente, del título de varias películas de Buñuel: Susana, Viridiana, Tristana, pero también: La hija del engaño, Una mujer sin amor, La joven, Diario de una camarera, Belle de jour y Ese oscuro objeto del deseo.
Lo primero que nos llama la atención es, que teniendo como tiene Buñuel una de las más amplias bibliografías en la historia del cine, haya recibido tan poca atención por la crítica feminista, siendo como es que tiene en su filmografía, suficiente material para ello.
Las mujeres en Buñuel, con independencia de que muestren o no una gran iniciativa, son fundamentalmente el objeto de deseo de los hombres. En esto Buñuel no sólo refleja honestamente la situación social a la que se enfrenta, sino que aplicando la misma cualidad de la honestidad cuenta como hombre las historias desde el punto de vista masculino... [6]
Con frecuencia, el amor, el deseo o la necesidad convierten a los hombres en títeres de esas mujeres inadecuadas con las que se relacionan. Hombres jóvenes, de mediana edad o maduros, todos sus personajes terminan sufriendo por causa de esos “oscuros” objetos de deseo. Estas mujeres irresistibles que destruyen la vida y humillan a los hombres buñuelescos merecen una atención y un estudio propio.[7]
Conchita: Ese oscuro objeto del deseo
Fernando Cesarman, el psicóanalista, ha di­cho que soy un misógino, que en mis películas la mujer queda siempre por los suelos. No sé. Yo no creo ser misógino. Quizá entiendo poco a las mujeres. También es verdad que me en­cuentro mejor entre hombres que entre muje­res. […]
Pero rara vez tomo el punto de vista de la mujer. Reconozco que el mundo de mis pelícu­las tiene el tema del deseo, y como no soy homosexual, el deseo toma naturalmente la forma de la mujer.[8]
A pesar de que las mujeres constituyen el principal centro de interés narrativo en varias de sus películas, Buñuel suele dar prioridad a la masculinidad y a las orientaciones del deseo masculino. Desde las primeras hasta la última, las películas de Buñuel ponen en escena los altibajos de la sumisión masculina al deseo…
A la mayoría de los hombres de Buñuel les resulta difícil resistirse al encanto de mujeres que están fuera de su alcance; su sinceridad y firmeza masculina no suponen barrera alguna para la mujer devoradora de películas como El bruto, Los ambiciosos o Susana.[9]
Una cuestión, que es bastante aceptada, es que “Las mujeres de Buñuel suelen caer en dos categorías: por un lado, hay una construcción diabólica e irracional cuyo objetivo es llevar al hombre a un destino fatalista, lo cual queda en la línea de un surrealismo que intenta alejarse de la supremacía de la razón pudiendo parecer una prerrogativa. Por otro lado, encontramos mujeres sumisas, dóciles, bajo el dominio masculino, siempre dispuestas a acatar la voluntad del hombre que tienen a su lado.”[10]

A veces incluso se pasa de un extremo a otro en la misma película, como es el caso de Tristana.
Si detallamos un poco más el catálogo de personajes femeninos en la obra del aragonés, encontramos: mujeres virginales y las mujeres fatales (a veces prostitutas), pero también la niña que representa la pureza, las madres y criadas.
Evvie: La joven
La mujer virginal expresa cualidades positivas, representa la pureza, el ansia del ser humano por regresar al origen, a un pasado inmaculado e idílico, antes de que la religión institucional mutilara el deseo, contaminando la sexualidad con la noción de pecado. Virginales son: Viridiana […] Tristana […] Leticia de El ángel exterminador […] El tema de la virginidad es recurrente en Buñuel […]
Otra figura femenina que abunda en la cinematografía buñueliana es la mujer devoradora de hombres […] Los hombres caen presa de los encantos femeninos y están dispuestos a dejarlo todo por conseguir el objeto de su deseo. El ejemplo más turbador se da en SusanaEl bruto […]
A menudo desfilan por sus películas personajes femeninos de tierna edad que se convierten en víctimas de los deseos brutales masculinos. Encarnan a la figura de la niña-mujer, muy potenciada en el surrealismo, y son un reflejo de la inocencia no contaminada por las convenciones sociales. Estos seres desvalidos e indefensos se someten a los impulsos depredadores de unos hombres en ocasiones maduros […] Así sucede con las relaciones entre don Lope y Tristana en la primera parte de la película, […] La joven, cuyo personaje principal es una adolescente, Evvie, deseada por el adulto Miller, quien, tras abusar de ella, acabará enamorándose, y a través de ese amor por la adolescente se ve obligado a reconsiderar sus prejuicios raciales y su visión de la realidad. [11]
En el próximo post veremos la diferente tipología de mujeres que aparecen en el cine de Luis Buñuel.



[1] Pepín Bello : En torno a Buñuel, Cuadernos de la Academia, nº 7-8, agosto 2000, pág. 98
[2] Pepín Bello : En torno a Buñuel, Cuadernos de la Academia, nº 7-8, agosto 2000, pág. 102
[3] Manuel Aldecoa : En torno a Buñuel, Cuadernos de la Academia, nº 7-8, agosto 2000, pág. 40
[4] Marisol Martín del Campo en el prólogo del libro: Jeanne Rucar de Buñuel: Memorias de una mujer sin piano, Alianza, 1990, pág. 11
[5] Nieves Arrazola : En torno a Buñuel, Cuadernos de la Academia, nº 7-8, agosto 2000, pág. 63
[6] Xavier Bermúdez : Buñuel: espejo y sueño, Ediciones de la Mirada, 2000, pág. 83
[7] Sara Muñoz: La construcción femenina en el discurso cinematográfico de Buñuel: la femme fatale, Hispanet Journal 2,  December 2009, pág. 2
[8] Tomás Pérez Turrent y José de la Colina. Buñuel por Buñuel, Plot, 1993, págs. 146-7
[9] Peter William Evans: Las películas de Luis Buñuel. Paidós, 1998, pág. 91
[10] Sara Muñoz: La construcción femenina en el discurso cinematográfico de Buñuel: la femme fatale, Hispanet Journal 2,  December 2009, pág. 1
[11] Gonzalo Montón Muñoz: Las mujeres de Buñuel. En: Los olvidados: un homenaje a Buñuel, Ayuntamiento de Teruel, 2000, pág. 38

domingo, 5 de noviembre de 2017

Foto-fija y algunas películas de Buñuel

foto-fija
El foto-fija o fotofija es un profesional que toma fotografías durante el rodaje de una película, generalmente con carácter publicitario. Las fotografías suelen tomarse después de rodada la escena y buscan hacer explícito lo que se pretende en esa escena, pero que no se ajusta a la tensión emocional del fotograma original. Estas fotografías también reciben el nombre de foto-fija.
En el post de hoy vamos a ver una serie de estas foto-fijas, comparadas con los fotogramas reales de las películas, cuando sea posible, porque en algunos casos no guardan ninguna relación. Solo hemos escogido algunos ejemplos, entre los muchos que hay.
La primera fotografía es de Viridiana, pero nunca se rodó esta escena. Los mendigos nunca están todos juntos en la plaza. Cuando son recogidos en la plaza, lo son en dos lugares diferentes, como se ve en los siguientes fotogramas y otros dos que llegan directamente a la finca, cuando los demás están allí.

domingo, 22 de octubre de 2017

Las relaciones entre Luis Buñuel y la guardia civil

Cuando Alberto Isaac, director de la película En este pueblo no hay ladrones, 1965, le propuso a Buñuel ir de actor, le contestó: Sí, voy de actor, pero siempre que me des un papel de guardia civil o de cura.[1] De hecho en otra ocasión declararía: Me hubiera gusta­do también interpretar a un guardia civil y a un oficial nazi.[2]
Estas declaraciones, están relacionadas indicutiblemnte con su sentido del humor. Su relación con la guardia civil empezó de joven y está salpicada de diferentes anécdotas. Al realizador siempre le ha gustado gastar “bromas”: «Una de estas consistió en vestirse de cura una noche.[…] Por aquellos días se había escapado de Alcañiz un cura loco. Quizá lo sabía Luis, quizá no. De todas maneras, al pasar delante de una mujer que llevaba un niño de pecho en brazos se lo arrebató y se fue con el mismo. La reacción de la madre fue histérica. Al darse cuenta de la enormidad de lo que hacía, el disfrazado le devolvió el crío, disculpándose: «¡María, María, que soy yo, Luis; que solo era una broma!».
José Repollés relataba que, a raíz de aquella travesura, el joven Buñuel tuvo problemas con la Guardia Civil.[3]

domingo, 8 de octubre de 2017

La policía en la obra de Luis Buñuel

El ejército, la policía y la Iglesia se han encontrado siempre en el punto de mira de Buñuel, y cada vez que puede, dirige sus dardos contra ellos, pues considera, con razón, que son instituciones cuyo objetivo fundamental es servir a los poderosos y reaccionarios y mantenerlos en el poder.
Hacía lo que me encargaban, pero siempre den­tro de una moral, de mi moral. No hice películas alaban­do a la Policía, ni a la Patria, ni al Ejército.[1]
Así es la aurora
A Buñuel le gustaba su película Así es la aurora porque: Por fin he podido hacer algo contra la policía. Que es, en el fondo, lo que verdaderamente quiero hacer en la vida.[2]
Cuando hablamos del clero, ya vimos cómo aparecía de forma simbólica en unión del policía y el militar en algunas de sus películas.

domingo, 24 de septiembre de 2017

Los lugares donde Buñuel escribía sus guiones

El ritual que Luis Buñuel seguía en la confección de sus guiones es un tema que ya hemos tratado detalladamente en dos artículos: 1 y 2. Aquí, como indica el título, hablaremos un poco de los lugares en los que trabajó, de los dos más importantes.
Buñuel y Carrière en San José Purúa
Buñuel era hombre de costumbres fijas. Igual que le gustaba trabajar con el mismo equipo técnico, cuando podía claro, y repetir actores, también repetía en los mismos sitios a la hora de ponerse a redactar sus guiones con sus colaboradores, ya que como es bien sabido, Buñuel no los escribía en solitario.
Como dice uno de esos colaboradores, Jean-Claude Carrière: “Siempre le gustaba trabajar con sus raíces, sea en España o en México, y siempre en lugares aislados, lejos de todo. El monasterio de El Pau­lar, en España, el balneario de San José Purúa, en México... Creo que Buñuel escribió allí como veinte películas.[1]

domingo, 10 de septiembre de 2017

El clero y el anticlericalismo en el cine de Luis Buñuel

Buñuel tuvo desde su infancia un contacto estrecho con el clero. Tanto, que pasó a formar parte de sus juegos: Yo tenía un tío sacerdote que era una bellísima persona... En verano me enseñaba latín y francés, y yo le ayudaba a decir misa...
La religión era omnipresente, se manifestaba en todos los detalles de la vida. Por ejemplo yo jugaba a decir misa en el granero, con mis hermanas de feligresas. Tenía varios ornamentos litúrgicos de plomo, un alba y una casulla[1].
Como todos los hijos de las buenas familias provincianas aprendió a ayudar a misa, y cantaba en el coro con muy buena voz y se le quedó grabada la angustia que sentía en las misas de difuntos, con el cadáver presente y la recitación del Liberame Domine y del Dies Irae.[2]
Buñuel actuando como cura en
 En este pueblo no hay ladrones
Estudió con los jesuitas y eso repercutió en una abundante representación del clero en su filmografía: “El clima represivo del colegio religioso afectó hondamente a su desbordante y vital personalidad, como probarán las numerosísimas referencias a la represión religiosa y clerical en su obra posterior.”[3]
Los años de la Residencia no hicieron nada más que aumentar su anticlericalismo:
“De estudiante, creo que con Federico García Lorca o con al­guien de la Residencia, le gustaba vestirse de cura y subir al tran­vía. Allí, con el compañero, también disfrazado de sacerdote, metían mano a la mujer que estuviera cerca para que se escan­dalizara y gritara. Se bajaban corriendo del tranvía. Decían que de esa manera hacían política anticlerical.”[4]

domingo, 27 de agosto de 2017

¿Hay contradicción religiosa en Buñuel?

En los últimos artículos hemos visto algunos temas relacionados con las creencias de Buñuel y que muestran, una vez más, sus contradicciones. Pasa por ser ateo, sin embargo, como él mismo reconoce: ¿creen ustedes que no tengo todavía en mi forma de pensar muchos elementos de mi formación cristiana? [1] Ejemplos:
·       El milagro de Calanda: Es un milagro magnífico, al lado del cual los de la Virgen de Lourdes me parecen casi mediocres.[2]
·       Tambores de Calanda: Es una ceremonia colectiva impresionante, cargada de una extraña emoción…[3]
·       La Virgen: Una ceremonia en honor de la Virgen, con las novicias en sus hábitos blancos y su aspecto de pureza, puede conmoverme profundamente.[4]
Y que podemos resumir en esta frase de Buñuel: Ha quedado un trasfondo cristiano, católico. Yo no soy de la "grey", pero ¿cómo puedo negar que estoy marcado culturalmente, espiritualmente, por la religión católica?[5]
Ese trasfondo cristiano está mezclado con los recuerdos, añoranzas de su infancia que le han dejado un poso común: Culturalmente, soy cristiano […] Comprendo la emoción religiosa y hay ciertas sensaciones de mi infancia que me gustaría volver a tener: la liturgia en mayo, las acacias floridas, la imagen de la Virgen rodeada de luces. Son experiencias inolvidables, profundas[6].

domingo, 13 de agosto de 2017

Cristo en el cine de Luis Buñuel

Cristo no me merece ninguna simpatía[1]. Cristo era un mal bicho. Pero el Cristo barbudo y rubio al que estamos acostumbrados: no el mal afeitado y cejijunto de Pasolini. A aquel lo odio[2].
Nazarín
A Cristo lo crucificaron después de condenarlo... ¿No considera usted eso un fracaso?... si Cristo regresara lo volverían a crucificar... Se puede ser relativamente cristiano, pero el ser absolutamente puro, el inocente, está condenado al fracaso. Está derrotado de antemano. Estoy seguro de que si Cristo volviera lo condenarían los grandes sacerdotes, la Iglesia... yo estoy convencido de que el "cristiano", en su sentido puro, ABSOLUTO, no tiene qué hacer sobre la tierra... porque no tiene otro camino más que la REBELIÓN en este mundo tan mal hecho[3]...
Muchas veces imaginé un filme sobre la vida de Cristo, que partía del principio de fidelidad para con el Evangelio, sin cambiar una coma y sin otorgar concesiones de ninguna especie. Esta película nos daría una representación explosiva y violenta de la persona de Cristo[4].

domingo, 30 de julio de 2017

La Virgen en Buñuel y su cine

Dejé de ser religioso desde la adolescencia. Pero ¿creen ustedes que no tengo todavía en mi forma de pensar muchos elementos de mi formación cristiana? Entre otras muchas cosas, una ceremonia en honor de la Virgen, con las novicias en sus hábitos blancos y su aspecto de pureza, puede conmoverme profundamente.[1]
Capilla del colegio de Buñuel
Culturalmente, soy cristiano. Habré rezado dos mil rosarios y no sé cuántas veces habré comulgado. Eso ha marcado mi vida. Comprendo la emoción religiosa y hay ciertas sensaciones de mi infancia que me gustaría volver a tener: la liturgia en mayo, las acacias floridas, la imagen de la Virgen rodeada de luces. Son experiencias inolvidables, profundas.[2].
Ya sabes que Cristo no me merece ninguna simpatía y que, en cambio, tengo toda clase de respetos hacia la Virgen María.[3]

domingo, 16 de julio de 2017

Los Tambores de Calanda en la obra de Luis Buñuel

Calanda siempre ha estado presente en la obra de Buñuel. Si ya vimos la repercusión del milagro de Miguel Pellicer en la obra del realizador, los tambores de Calanda no le van a la zaga. Para entender lo que significaron para su persona, nada mejor que leer la descripción que de ellos hace en sus memorias: “Existe en varios pueblos de Aragón una costumbre que tal vez sea única en el mundo, la de los tambores del Viernes Santo. Se tocan tambores en Alcañiz y en Híjar. Pero en ningún sitio, con una fuerza tan misteriosa e irresistible como en Calanda.
Esta costumbre, que se remonta a finales del siglo XVIII, se había perdido hacia 1900. Un cura de Calanda, mosén Vicente Allanegui, la resucitó.
Los tambores de Calanda redoblan sin interrupción, o poco menos, desde el mediodía del Viernes Santo hasta la misma hora del sábado, en conmemoración de las tinieblas que se extendieron sobre la tierra en el instante de la muerte de Cristo, de los terremotos, de las rocas desmoronadas y del velo del templo rasgado de arriba abajo. Es una ceremonia colectiva impresionante, cargada de una extraña emoción, que yo escuché por primera vez desde la cuna, a los dos meses de edad. Después, participé en ella en varias ocasiones, hasta hace pocos años, dando a conocer estos tambores a numerosos amigos que quedaron tan impresionados como yo. En 1980, durante mi último viaje a España, se reunió a varios invitados en un castillo medieval cercano a Madrid y se les ofreció la sorpresa de una alborada de tambores venidos especialmente de Calanda. Entre los invitados figuraban excelentes amigos como Julio Alejandro, Fernando Rey y José Luis Barros. Todos dijeron haberse sentido conmovidos sin saber por qué. Cinco confesaron que incluso habían llorado.