domingo, 31 de agosto de 2014

Luis Buñuel y Don Juan Tenorio

A mí el Tenorio me entusiasma. Me parece una obra maestra, genial... es una de las cumbres del teatro. Sin eso la gente no iría a verlo desde hace tantos años[1].
Don Juan Tenorio, 1920. García Lorca 1º por
la izquierda. Buñuel, el 5º. Residencia de Estudiantes
 En la Residencia... De vez en cuando montábamos una obra de teatro, casi siempre "Don Juan Tenorio", de Zorrilla, que creo que aún me sé de memoria. Conservo una fotografía en la que aparezco yo de don Juan con Lorca, que hace de Escultor, en el acto quinto.[2]
Es probable que su afición a los disfraces le condujera a participar de forma activa en las actividades teatrales que se organizaban en la Residencia de Estudiantes. Diez o doce personas integraban el grupo más activo de la Residencia de Estudiantes, en un principio formado por Buñuel, Lorca, Moreno Villa y Emilio Prados entre otros, con incorporaciones posteriores como Salvador Dalí o Pepín Bello. Lorca y Buñuel eran los más activos y solían improvisar obras de teatro, atreviéndose a veces incluso con óperas, pero su obra predilecta era Don Juan Tenorio.

Los alumnos de la Residencia veían en el ultrarromanticismo de Don Juan Tenorio una fuente de datos freudianos y el tema del donjuanismo, por su relación con la sexología, estuvo en boga en aquella época. Todo esto provocó que durante años se fueran publicando obras literarias de diferentes creadores, relacionadas con el tema de don Juan.
No debe extrañarnos pues, que los muchachos de la Residencia montasen su propio Tenorio, que solían dirigir Buñuel o Lorca. La más conocida es la del 1 de noviembre de 1920.
Según el programa de mano la función  constaba de cuatro piezas:
·         Un Prólogo, por Luis de Tapia;
·         Solico en el mundo, entremés de los Quintero, con Buñuel en el papel de Párroco;
Programa de la representación de 1920 en la
Residencia. Incluye Don Juan Tenorio
·         El Paso de los ladrones, de Lope de Rueda;
·         Y "los actos quinto y sexto" del Don Juan de Zorrilla, que titulaban El Partenón y La aldabada postrera. Esto es: los actos I y II de la segunda parte del Tenorio, con títulos tomados del recitado de Ciutti ("Que esa aldabada postrera/ ha sonado en la escalera") y resultantes de la transformación de "panteón" en Partenón, supongo que por el mucho mármol que inunda la escena.
En la fotografía que se conserva se enfrentan Buñuel y Lorca en primer plano, el primero armado de una espada y el segundo de un plumero y una linterna. En contraste con sus vestimentas oscuras se alinean al fondo, de blanco y a modo de estatuas, los otros personajes, presentados mediante las siguientes leyendas inscritas en sus pedestales:
·         PEREZ, Eminente botánico, descubridor del Hongo. Murió envenado. ¡Naturalmente!
·         Don Gonzalo DE ULLOA, Comendador de Orden Público. Suscriptor de La Época (Y un reloj de arena en el que se lee: "Aún queda el último grano").
·         D. Luis MEJIAS. Niño bien del siglo XVI.
·         Ojo ¡ ¡ ¡Muy Sevillano!!! Ojo.
(No alcanza a leerse la inscripción de Doña Inés)

El reparto rezaba:
Don Juan Tenorio, 1920. Residencia.
García Lorca a la izqierda. Buñuel derecha

Profanación por
BUÑUEL, de Don Juan
GARCIA LORCA, de Escultor
MARTINEZ, de Centellas
SANCHEZ HERRERO, de Avellaneda
SALAS, de Ciutti

Buñuel hacía de don Juan provisto de una máquina de escribir portátil con la que despachaba la eventual correspondencia amorosa, de modo similar a como en Hamlet se cambian francos sin ningún miramiento.
Se conservan también fotos de la puesta en escena que en 1924 hizo Buñuel en la Residencia, de Don Juan Tenorio y en la que, como no, Buñuel interpreta el papel de don Juan, pero esta vez su rival, don Luis Mejía, era interpretado por Salvador Dalí, lo que indica que debía haber superado su timidez inicial. El título de la representación era La profanación de don Juan.
Hay que añadir que, en la misma línea, los improvisados actores capitaneados por Luis solían representar –en una especie de trastero de la “Resi” donde había un piano vertical antiguo- sesiones de ópera bufa. Según Alfredo Anabitarte, uno de los participantes, Buñuel hacía los libretos, que tenían cierto parecido con el de Rigoletto, y Lorca, desde el piano, “pedía la vez”, cuando se sentía inspirado, para soltar “unos gorgoritos”, tipo soprano lírica, que le salían muy graciosos”.[3]
 
Representación de Don Juan Tenorio.
Residencia, 1924. Buñuel 1º derecha. Dalí detrás.
La afición de Buñuel por el Tenorio durará toda su vida. En su exilio mexicano se montaban representaciones en privado y a veces en público. Enrique García Álvarez dirigió una representación de Don Juan Tenorio a beneficio del “Sanatorio Español de México”, contando en el papel de don Juan con el mismísimo Buñuel, y en el don Luis Mejía con Luis Alcoriza.[4] Pero la más conocida es la que recuerda el propio Luis Buñuel:
Ya no volvería a dirigir teatro más que una sola vez, en México, mucho después, hacia 1960. La obra era el eterno “Don Juan Tenorio”, de Zorrilla, escrita en ocho días y, a mi modo de ver, admirablemente construida. Termina en el Paraíso, pues «don Juan», que ha muerto en duelo, salva su alma gracias al amor de «doña Inés».
El montaje fue clásico, muy distinto de las parodias que hacíamos en la Residencia de Estudiantes. En México se dieron tres representaciones en la fiesta de Todos los Santos, como es tradicional en España y el éxito fue enorme. A causa de la aglomeración, se rompieron las vidrieras del teatro. En aquella ocasión, en la que Luis Alcoriza hacía de «don Juan» yo me reservé el papel de «don Diego», su padre. Pero la sordera me impedía seguir el texto. Yo jugaba distraídamente con los guantes y Alcoriza tuvo que modificar su manera de actuar y venir a agarrarme por el codo para darme la entrada. [5]
En otra ocasión diría de esta misma representación:
Allá por el sesenta: representamos el “Tenorio” en  el Teatro Fábregas un grupo de refugiados. Fenómeno. Yo no quería hacerlo más que tres días. Yo hacía de don Diego. Fueron tres días de llenos a reventar. Se empeñaron en seguir, y al cabo de las siete representaciones todavía nos repartimos mil pesos cada uno: Alcoriza, Bravo, Fontalans, que hizo los decorados, y unos cuantos más. A mí el Tenorio me entusiasma. Me parece una obra maestra, genial.
Igual que la anterior.
Ganamos cuarenta mil pesos, que nos gastamos en una fiesta que para que te cuento. Yo ya estaba sordo, y azarado. Alcoriza me tenía que dar de codazos para recordarme mis bocadillos.[6]
Pero Buñuel se equivoca de año. Fue en 1954, en el nuevo teatro Fábregas. Estaban previstos cuatro días: sábado 30 de octubre, domingo 31, lunes 1 y martes 2 de noviembre, pero debido al éxito se prolongaron hasta el día 7.
Así lo comentaba el diario Excélsior de México:  
Nunca hasta hoy se había presentado la ocasión de que un grupo de artistas se hubieran reunido gentilmente para interpretar por el gusto de hacerlo, el inmortal y tradicional drama de don José Zorrilla Don Juan Tenorio.
Pero ahora, escogiendo el escenario del suntuoso nuevo teatro “Fábregas” los más notables actores, actrices, escenógrafos, directores, modistas de nuestro medio teatral y cinematográfico, se agrupan para realizar el mejor “Tenorio” de todos los tiempos.
Entre estos astros y estrellas rutilantes de nuestro firmamento artístico figuran principalmente los nombres distinguidos que a continuación damos por riguroso orden de aparición y actuación:
Carlos Navarro (Don Juan); Rafael Baledón (Ciutti); Manuel Fontanals  (Escenógrafo);  Luis Buñuel (Don Diego); Alicia Caro (Doña Inés); Luis Alcoriza (Don Luis); Eduardo Ugarte (Centellas); Silvia Derbez (Doña Inés); Julio Villarreal (El Escultor); Lilia Michel (Doña Ana); Fernando Galeana (Don Luis); Consuelo Monteagudo (Brígida); E. García Álvarez (Don Gonzalo); Lilia Prado (Doña Inés); Julio Alejandro (Alguacil 1º); Antonio Bravo (Don Juan)
Buñuel como D. Juan
Y 100 artistas más con los grandes conjuntos de caballeros, sevillanos, encubiertos, curiosos, esqueletos, fantasmas, estatuas, ángeles del bien y del mal, las parcas, som­bras, justicia y pueblo.
La presentación será un suceso más del incomparable escenógrafo Manuel Fontanals, quien diseñó  los decorados, realizados por Gudberto Galván. En resumen: ¡Un Tenorio de tronío!
Buñuel fue muy destacado, pues se trataba de un director que hacia cine mexi­cano, y que ya entonces tenía mucho reconocimiento internacional:
Para presentarlo en el nuevo teatro Fábregas se han reunido los más notables ar­tistas de la escena y de la pantalla, encabezados por el genial director y realizador de películas Luis Buñuel, quien en esta ocasión deja el megáfono para interpretar magistralmente el papel de “Don Diego Tenorio”, padre de Don Juan, y amigo de don Gonzalo.
Aunque tampoco eran menos para Fontanals, como se comentaba al mismo tiempo que anunciaban prorrogarla un día más:
Una de las más grandes atracciones de este Don Juan Tenorio  ha sido la presentación escénica con los decorados de Manolo Fontanals, que además de suceso magnífico han constituido una gran novedad, pues nunca antes habíamos visto una “mise” en escena tan original y tan deslumbrante.
Dos días después, continuaban las prórrogas (tenía que haber finalizado el día 2 y se anunciaba para el 7 último día) y los elogios para el escenógrafo:
El éxito arrollador del sensacional y fabuloso Don Juan Tenorio que este año se ha presentado en el Fágbregas ¡Como nunca!
Por sus decorados fastuosos y originales del genial escenógrafo Manuel Fontanals, por su vestuario riquísimo de la casa Caramena de Milán; por sus trucos increíbles y por su elenco gigantesco.
Buñuel y Ugarte habían visitado varias veces la casa de Fontanals en Coyoacán, para ver cómo iban bocetos y maqueta.[7]

Buñuel en México, disfrazado. Es el barbudo de pie.
Pero esta pasión llega más lejos. Como le escriba a su amigo Rubia Barcia: A veces se hacen cenas adonde todos vienen vestidos de Don Juan Tenorios.[8]
Cuenta su amigo Julio Alejandro: "La única obra de la que le oí hablar sin fatiga, con verdadero placer, fue el Tenorio de Zorrilla...Sabía de memoria todos los papeles y hubiera sido capaz de representar toda la obra haciéndolos todos. Tuvo la idea de que entre los amigos hiciéramos el "Tenorio" en un teatro, y se entusiasmó de tal modo que no paró hasta llevarlo a cabo. Dejó cuanto estaba haciendo y se dedicó con alma y vida a llevar la idea buen fin. Sin que nadie le discutiera se dio el papel de gran factótum y empezó a llamar a amigos y repartir papeles. Él se atribuyó el del padre de don Juan…A Buñuel no le gustaban las interpretaciones modernas del Tenorio. Quería todo a la manera clásica…El tenía su Tenorio en la cabeza y a él se refería siempre."[9]
Conoce­dor de esta debilidad suya, el actor Francisco Rabal le propuso dirigirlo en España a mediados de los años se­senta, pero el realizador ya no estaba para esos trotes y no se veía a sí mismo metido en un teatro de Madrid durante un mes y pico. Ello dio origen, sin embargo, a una correspondencia al respecto en la que puede ob­servarse lo que le interesaba del tema de Don Juan. En carta de julio de 1967 escribe a Rabal: "He estado rele­yendo todos los DON JUAN teatrales que se han escri­to desde el primero: Tirso (horrible), Molière (aceptable por renglones), Goldoni (mediocre), Dumas (bueno, ese es el padre del de Zorrilla, estrenado seis años antes que el Don José), Rostand (infecto), Pushkin (anodino)…
Lo que entusiasmaba al realizador aragonés de este tipo de teatro romántico era la forma desatada en que bullían pasiones y desenfrenos varios...Lo que más le atraía del tratamiento que le había dado Zorrilla a la leyenda donjuanesca era el conflicto con el padre, trasunto del pavor que el poeta vallisoletano sentía hacia su progenitor…Este sería el tema central del Tenorio. No el amor, sino la búsqueda del perdón, que sólo puede otorgarle esa imponente y pétrea masa del Comendador. Estatua de piedra que aparece al comienzo de El fantasma de la libertad, basándose esta vez en la leyenda El beso de Bécquer."[10]
El discreto encanto de la burguesía. Escena en la
que se recita el texto del Tenorio
La influencia del Tenorio se deja ver en su cine. Es el caso de El discreto encanto de la burguesía, en la cena frustrada en el hogar del coronel que se convierte en una sesión teatral al descorrerse el telón de fondo y encontrarse los comensales  con que se hayan en un escenario, ante numeroso público; en ese momento el apuntador sopla al Obispo el texto del Tenorio: "Y, para dar prueba de su valor, ha invitado a cenar con usted al espectro del Comendador…”[11]
Este fragmento de la obra de Zorrilla, forma parte de la representación que hicieron en la Residencia el 1 de noviembre de 1920, lo que demuestra la pervivencia de esta parte de la obra de Zorrilla en Buñuel.
Por otro lado la pastorela que se representa en La ilusión viaja en tranvía, está llena de frescura, y es muy buñuelesca, con un Diablo que intenta cazar con una escopeta al Espíritu Santo en forma de paloma tras incitar a los angelitos a beberse una cerveza. También nos permite hacernos una idea de cómo serían sus puestas en escena en la Residencia de Estudiantes, dada la escasa presencia del teatro en el cine de Buñuel. .[12]
Y termino con una curiosidad, la creación en España de la “Orden de los Caballeros de Don Juan Tenorio”, nombre de resonancias buñuelianas y cuya primera reunión tuvo lugar en 1949. La máxima jerarquía era precisamente José Bello, el gran amigo de Buñuel. En su carta fundacional se establecía como dogma fundamental de la Socie­dad que «el mito de Don Juan se encarna y pertene­ce al Tenorio de Zorrilla.
La pastorela de La ilusión viaja en tranvía
La exaltada admiración por Don Juan Tenorio…no puede sino re­cordarnos aquélla que sus­citaba la obra de Zorrilla en Luis Buñuel y sus com­pañeros de la Residencia de Estudiantes. La creación misma de esta Sociedad, no hace más que rememorar aquella “Orden de Toledo” fundada por Luis Buñuel,…y de la que precisamente José Bello fue secretario. Nostalgia, en suma, de un paraíso perdido —el creado por Bello, Lorca, Dalí y, sobre todo, Luis Buñuel— que in­tentan no reconstruir, por­que era algo quimérico, pero sí componer una at­mósfera de complicidades lo más próxima posible a la que trajo consigo aque­lla magnífica floración cul­tural de la anteguerra.[13]


[1] Max Aub: Conversaciones con Buñuel, Aguilar, 1985, Pág.130
[2] Luis Buñuel: Mi último suspiro.  Plaza & Janés, 1982, Pág. 67
[3] Ian Gibson: Luis Buñuel. La forja de un cineasta universal 1900-1938, Aguilar, 2013, pág. 130
[4] Julio-José Rodríguez Sánchez: Enrique García Álvarez a la luz de Buñuel. En: Nickelodeon, nº 13, invierno 1998,  Pág. 144
[5] Luis Buñuel: Mi último suspiro.  Plaza & Janés, 1982, Pág. 87
[6] Max Aub: Conversaciones con Buñuel, Aguilar, 1985, pág. 130
[7] Rosa Peralta Gilabert: Manuel Fontanals, escenógrafo. Teatro, cine y exilio. Fundamentos, 2007, págs. 261-4 (Recoge extractos de publicaciones del Excélsior de la época)
[8] Carta de Buñuel (15/5/47) a José Rubia Barcia: Con Luis Buñuel en Hollywood y después. Edicios do Castro, 1992, Pág.: 32
[9] Agustín Sánchez Vidal: El mundo de Luis Buñuel. Caja de Ahorros de la Inmaculada, 1993, Pág.182
[10] Agustín Sánchez Vidal: El mundo de Luis Buñuel. Caja de Ahorros de la Inmaculada, 1993, Pág.183
[11] Luis Buñuel: Obra literaria. Heraldo de Aragón, 1982, Pág. 262
[12] Agustín Sánchez Vidal: Luis Buñuel. Ed. J.C., 1984, Pág. 186
[13] Ernesto Arce Oliva: Del Tenorio y otras remembranzas, en: En torno a Luis Buñuel. El carnuzo, el perro y el loco amor, Instituto de Estudios Turolenses, 1989, pág. 9

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