domingo, 21 de mayo de 2017

Buñuel entre México y España (II)

II- Se encuentra muy cómodo en España, pero escoge la seguridad de México para vivir

Con Silvia Pinal y Paco
Rabal: Rodaje Viridiana
Llevaba muchos años intentando visitar su patria. Por fin en 1960 se le presenta la oportunidad de venir a España. He aquí un par de comentarios sobre al impresión que le causó ese primer contacto:
* “Cuando vino a España en 1960, durante un viaje en coche por el campo se baja, contempla el paisaje con las ovejas a lo lejos y dijo: Qué pena que no escucho las esquilas de las ovejas, estaba llorando...Realmente era el encuentro del hombre con la tierra...Había una parte de Buñuel sentimental que le costaba mucho trabajo mostrar y que solamente en algunos momentos lo hacía...Era un hombre muy sentimental.”[1]
Y en esa primera visita hicimos un recorrido por Zaragoza. La emoción de él, del retorno a su ciu­dad natal, fue muy grande. Se emocionaba con todo. Subimos al Cabezo, allí donde nos llevaban a jugar. Estuvimos en el co­legio. El, con estas cosas, como es un afectivo, los recuerdos del colegio tenían para él siempre un arranque sentimental y de emo­ción. Conocía y recordaba los nombres de todos los padres je­suitas que habíamos tenido de profesores en las clases y los que estaban de vigilancia en las aulas de estudio. El me los recorda­ba a mí. Era yo el que le preguntaba: «Y aquél, ¿cómo se lla­maba? ¿Y aquel otro?» El los recordaba a todos. Le salían las lágrimas al volver a visitar Zaragoza. Tenía recuerdos preciosos de la Zaragoza antigua, y le contrariaba que Zaragoza no hubie­ra permanecido siendo como él la vio hacía veinte años. Y le mo­lestaba que Zaragoza acabara pareciéndose a todas las ciudades del mundo de su tamaño. Cuando se citaba conmigo, ya había hecho antes muchos recorridos por toda la Zaragoza antigua. Y cuando nos encontrábamos, veía yo cómo se rebelaba contra las transformaciones modernizadoras que habían hecho. Yo le de­cía que era cosa irremediable, y me contestaba: «Pero, para mí, como aquello no hay.» [1a]

domingo, 7 de mayo de 2017

Buñuel entre México y España (I)

I-Vive en México, pero añora España


Luis Buñuel pasó casi la mitad de su vida en México, de 1946 hasta 1983 en que falleció. Muchos más que en España, de la que salió en 1925 para trasladarse a París. Volvió a residir en España durante unos de años, de 1934 a 1936. Se marchó por la Guerra Civil a París y en 1938 a Estados Unidos. En este país fracasó en sus variados intentos de hacer cine. También fracasó en su pretensión de reemprender con Ricardo Urgoiti su colaboración para hacer cine en Argentina. Entonces le surgió la salida de México: Tras suspenderse la producción fílmica en español pasé ocho meses en Hollywood y se me acabó todo el dinero ahorrado. Había pedi­do los second papers e iba a convertirme en ciudadano estadounidense. En una cena en casa de René Clair, Denise Tual, la viuda de Pierre Batcheff, que comenzaba a producir pe­lículas, me dijo que tenía los derechos para filmar La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca. Recién terminada la guerra, la obra se había representado con gran éxito en París. Denise quería filmarla en Francia y que la dirigiera yo. Hicimos un corto viaje a Méxi­co de paso para Francia, porque Denise tenía que arreglar aquí unos asuntos, hablar con Os­car Dancigers, etc. En el hotel Montejo llamé por teléfono a Paquito García Lorca, que esta­ba en Nueva York con sus padres y hermanas. Paquito nos dijo que en Londres le daban mu­cho más dinero por los derechos de Federico, y la familia no estaba en buenas condiciones económicas. Le dije que, en ese caso, vendiera la obra a quien le diera más. Informé a Denise: «La obra está vendida. No haremos la pelícu­la.» Denise se volvió a París. En una cena en casa del arquitecto español Mariano Benlliure, el escritor mexicano Fernando Benítez, que además era secretario del Ministro de Goberna­ción, me dijo que si quería quedarme en Mé­xico él me podía ayudar en los trámites. Fui al día siguiente a Gobernación y Benítez me presentó al Ministro, Héctor Pérez Martínez, un hombre amabilísimo, también escritor y fa­vorable a los españoles. «Vuélvase usted a los Estados Unidos y daremos orden al Consulado para que pueda usted venir a radicar en el país.»

Me fui a Hollywood, vendí los muebles que tenía allí y cuando llegaron los papeles vine a México, ahora con Jeanne y los chicos. Tenía ya un encargo de Dancigers para hacer una película, que resultó ser Gran Casino.[1]

domingo, 23 de abril de 2017

Buñuel y el milagro de Calanda

“La cuestión religiosa, obsesión más bien, nace en su infan­cia, creo. Las misas infantiles, los milagros, la liturgia, los san­tos... Todo eso le atrae de una manera muy fuerte y lo ha estu­diado enormemente. Un ejemplo clásico: el milagro de la pierna, el hombre de Calanda que pierde la pierna y se la entierran, y, ya enterrada, va el hombre todos los días ante el altar y se unta aceite en los dedos para pasarlo por el muñón, hasta que los án­geles le traen de nuevo la pierna. En fin, este milagro él lo cuen­ta con un orgullo muy curioso y muy especial, como diciendo que es el milagro más impresionante que hay en la historia ca­tólica. Me ha hablado de este milagro yo creo que como cincuenta o sesenta veces. Le atrae enormemente esa historia de mi­lagrería, y cuando, no hace mucho tiempo, hubo un centenario o, en fin, una de estas fechas religiosas, su hermana le mandó una serie de artículos de El Heraldo de Aragón que hablaban del milagro y de las ceremonias que se habían celebrado, y él los recibió con un gusto enorme, y los archivó y los guardó, porque todo eso le interesa con una fuerza enorme.[1]
Nuestra fe era realmente ciega —por lo menos, hasta los catorce años— y todos creíamos en la autenticidad del célebre milagro de Calanda, obrado en el año de gracia de 1640. El milagro se atribuye a la Virgen del Pilar…
Ocurrió que, en 1640, la rueda de una carreta le aplastó una pierna a un tal Miguel Juan Pellicer, vecino de Calanda, y hubo que amputársela. Ahora bien, era éste un hombre muy piadoso que todos los días iba a la iglesia, metía el dedo en el aceite de la lamparilla de la Virgen y se frotaba el muñón. Una noche, bajó del cielo la Virgen con sus ángeles y éstos le pusieron una pierna nueva.
Al igual que todos los milagros —que, de lo contrario, no serían milagros— éste fue certificado por numerosas autoridades eclesiásticas y médicas de la época y dio origen a una abundante iconografía y a numerosos libros. Es un milagro magnífico, al lado del cual los de la Virgen de Lourdes me parecen casi mediocres. ¡Un hombre, «con la pierna muerta y enterrada» que recupera la pierna intacta! … [2]

domingo, 9 de abril de 2017

El carnuzo y lo putrefacto en la obra de Luis Buñuel

En el último post analizamos el significado y origen de los 
La edad de oro
vocablos putrefacto y carnuzo. Aquí vamos a ver su amplia presencia en la obra de Buñuel, tanto literaria como cinematográfica. Sirva como introducción este texto de Sánchez Vidal: “Ahí están las carroñas de los obispos en La edad de oro, procedentes de Valdés Leal, de quien tomó también el título de El ángel exterminador; o el sepulcro del Cardenal Tavera, que aparece en Tristana y Un proyecto  de cuento; por no hablar de las estatuas animadas o los espectros de aparecidos, como el del Tenorio que se refleja en el "Mitrídates, cadáver recalcitrante" de Hamlet y El discreto encanto de la burguesía o la estatua vengadora de la leyenda El beso de Bécquer, utilizada en El fantasma de la libertad. Es el tema del carnuzo, tratado específicamente en La agradable consigna de Santa Huesca, que narra las incontables aventuras de un trozo de carne viva que despliega una asombrosa actividad en varios frentes. Y, en relación con él, los putrefactos, desde los burros impasiblemente aposentados en los pianos de Un perro andaluz hasta –en la jerga de la Residencia– todo lo que oliera a caduco en actitud vital o estética[1]...

domingo, 26 de marzo de 2017

El putrefacto y el carnuzo

Fue hacia mediados de los años veinte cuando en nuestros medios artísticos y literarios hizo furor la palabra putrefacto, la más generalizada de cuyas acepciones fue la referida a todas aquellas  personas o cosas que, en un momento dado, se tenían por inactuales o trasnochadas. Putrefacto equivalía, así, a grado extremo de consunción por inmovilismo, e implicaba, como vituperio, el emparejamiento con el mal olor que trasciende todo cadáver insepulto.[1]
La Orden de Toledo: Pepín Bello, José Moreno Villa, María
Luisa González, Buñuel, Dalí y José Mª Hinojosa, 1924. Tole
Entre los miembros de la Residencia se utilizó como adjetivo descalificador. Se aplicaba a “todo lo que oliera a caduco, anacrónico, decadente, tradicional o antivanguardista. A putrefacto se oponía como elogio antiartístico, sinónimo de vanguardia o antidecadente.”[2] Era pues un vocablo utilizado entre la nueva y la vieja generación y también para calificar a las falsas vanguardias.

domingo, 12 de marzo de 2017

Luis Buñuel y su visión de la Ciencia y la Tecnología

En este breve post voy a tratar un curioso tema: el poco aprecio que Buñuel sentía por la ciencia y la tecnología: La verdad es que odio la ciencia, le tengo horror a la tecnología. Lo que me llevará tal vez, algún día, a creer en el absurdo de Dios. Fíjate que digo absurdo.[1]
El realizador en sus diferentes declaraciones al respecto solía mezclar la creencia en Dios con la ciencia: El creer en Dios es absurdo, pero todavía lo es más la técnica y la ciencia. Empieza a molestarme la palabra ateo... Yo no niego que lo soy. Y, ahora, más ateo que nunca, pero me molesta la palabra[2].
En sus “memorias” nos da la clave de la cuestión: Junto al azar, su hermano el misterio. El ateísmo —por lo menos el mío— conduce necesariamente a aceptar lo inexplicable. Todo nuestro Universo es misterio.

domingo, 26 de febrero de 2017

Los olvidados: Memoria del Mundo

Es sabido que el negativo de la película de Luis Buñuel Los olvidados (1950) fue declarada Memoria del Mundo por la UNESCO en 2003. Antes solo estaba la película Metrópolis (1927) de Fritz Lang, el director admirado por el aragonés. Después otras películas recibirían este reconocimiento, como americana El Mago de Oz (1937) de Víctor Fleming, la australiana La historia de la banda de Kelly (1906) de Charles Tait o las películas de los hermanos Lumière.
Es este reconocimiento el que me ha llevado a interesarme por algunos datos de la película.
Los olvidados fue producida por la compañía Ultramar Films de Oscar Dancigers, a la muerte de este productor el negativo original, con sus derechos totales, fue adquirido por Clasa Films S.A., propiedad principalmente del Sr. Manuel Barbachano Ponce y del camarógrafo Gabriel Figueroa, y a la muerte de Barbachano Ponce los derechos del filme fueron comprados por Televisa S.A..

domingo, 12 de febrero de 2017

¿Era Luis Buñuel cruel? ¿Lo era su cine?

En el último post tratamos el tema de la violencia en Buñuel y su obra. Hoy vamos a ver un tema directamente relacionado con el anterior. ¿Era Luis Buñuel cruel? ¿Lo era su cine? 
A Buñuel se le ha tachado frecuentemente de ser cruel. Veamos un par de ejemplos:
·  León Felipe, amigo del realizador, aunque no en muy buenas relaciones cuando escribió lo siguiente: “Necesita torturar, humillar y matar a mucha gente… Es un bruto sádico aragonés…[1]
La edad de oro
·  Benjamín Peret, poeta admirado por el aragonés: "Buñuel se complace en la crueldad...Esa crueldad se encuentra en la base de toda la obra de Buñuel y esto es verdad a tal punto que, aun cuando él la refrena, persiste en estado latente y permanece difusa como en Subida al cielo, que en este momento se ve en París. Era imposible, por otra parte, que fuera de otra manera, puesto que esta crueldad es parte integrante del temperamento de Buñuel.”[2]

domingo, 29 de enero de 2017

La violencia en Luis Buñuel

Violencia es una de las palabras que más aparecen cuando se habla del cine de Buñuel, pero antes de hablar de este tema en relación con su cine, veamos este diálogo entre Luis Buñuel y Max Aub:
—En el fondo, el tema fundamental de tu arte es la violencia.
—Sí.
—Es el tema que a todo el mundo ha dejado verdaderamente estupefacto. No ha habido ningún director que... No, no hablo de crueldad física. La furia, lo que se llama la violencia, estar fuera de sí, el ímpetu sin barreras, la fuerza, obrar—a veces—fuera de razón y justicia, la ira... Exactamente todo lo que, a partir de cierto límite, me lleva a mía contemplar las cosas desde la barrera. Pero tú eres un hombre violento en el sentido en que eres capaz del disparate, ¿verdad?
—Sí, es cierto.
Un perro andaluz
—Sin poder...
—Frenarme. Aunque a los dos minutos recorro mi camino en sentido contrario.
—Bueno, pero esos dos minutos...
—Lo primero es instintivo y por encima de mis razones, la violencia me sale. Ahora ya pocas veces, pero me ha servido mucho.
—¿Te has sentido empujado por ti mismo, salido de ti? ¿Desde qué edad? ¿Lo recuerdas?
—No.
—¿Siendo niño?
—Sí.

—De pronto por...
—Prontos de violencia, sí. Eso, desde niño.

domingo, 15 de enero de 2017

El último aliento de Luis Buñuel

Luis Buñuel murió el 29 de julio de 1983, aunque ya llevaba meses enfermo. Según su esposa, Jeanne Rucar “comenzó a ponerse mal después de la visita que le hizo el presidente Miguel de la Madrid el 22 de febrero de 1983, el cumpleaños de Luis… Poco a poco tuvo dificultades para caminar. Procuré estar a su lado cuando se duchaba, por si le fallaban las piernas. Colocó una de sus pistolas en el cajón de la mesa de noche con un sobre cerrado: PARA SER ABIERTO CUANDO MUERA.
Imagino que pensó, durante su enfermedad, en el suicidio…
Era diabético, su salud empeoró paulatinamente: las piernas, luego los ojos, comenzaron a fallarle, no podía leer, eso lo irritaba. Contratamos a una enfermera para que me ayudara a bañarlo y a cuidarlo. No se dejaba bañar por ella. «Vamos, don Luis, si no nací ayer...» «No.» Pobre Luis: desesperado, sin libros, sin salidas y hasta con dificultades para hablar. Sólo las visitas del padre Julián le daban la oportunidad de escapar un rato, cada tarde, de su enfermedad. Procuraba no salir, sabía que a Luis lo reconfortaba saberme cerca. Salí una vez, aprovechando la visita del padre Julián:
—Luis, tengo que ir al doctor. No tardo. En una hora estoy de vuelta.
Lo besé. Se puso a llorar. Esas lágrimas me inundaron el corazón. Fue la segunda y última vez que lo vi llorar. ¡Qué tan débil no estaría! Cuando murió nuestra perra «Tristana» él me comentó: «Es curioso, Jeanne, al enterarme de la muerte de mi hermano no lloré, en cambio por "Tristana" sí, vivió ocho años con nosotros.» Es triste la vida.[1]

lunes, 2 de enero de 2017

La revolución en Luis Buñuel

Fue durante la estancia de Luis Buñuel en la Residencia de Estudiantes de Madrid cuando empezaron a cuajar en él sus ideas radicales. Frente a otros miembros de la generación del 27 que preconizaban la separación del arte de la política, algunos, como Buñuel, vinculan el arte a la subversión y la revolución político y social: “Mientras él frecuentaba los cafés “mugres”, donde se reunía con ultraístas y anarquistas, Lorca se iba a los cafés a los que acudían “los intelectuales de primera clase”...Dentro de aquel movimiento, la nueva extrema izquierda aúna la revolución tecnológica con la social, adoptando procedimientos anárquicos y subversivos. Aquella vinculación entre ultraístas y anarquistas la viviría Buñuel, que evoca cómo los partidarios de ambos frecuentaban los mismos cafés, el de Castilla y el de Platerías (donde trabó amistad con los anarquistas Ángel Samblancat y Gil Bel), y participaban unidos en acciones de agitación y política social...” [1]
Aunque Buñuel escribiera el texto siguiente para referirse a los surrealistas, encaja aquí perfectamente: La mayoría de aquellos revolucionarios —al igual que los señoritos que yo frecuentaba en Madrid— eran de buena familia. Burgueses que se rebelaban contra la burguesía. Éste era mi caso. A ello se sumaba en mí cierto instinto negativo, destructor que siempre he sentido con más fuerza que toda tendencia creadora. Por ejemplo, siempre me ha parecido más atractiva la idea de incendiar un museo que la de abrir un centro cultural o fundar un hospital.[2]