domingo, 30 de julio de 2017

La Virgen en Buñuel y su cine

Dejé de ser religioso desde la adolescencia. Pero ¿creen ustedes que no tengo todavía en mi forma de pensar muchos elementos de mi formación cristiana? Entre otras muchas cosas, una ceremonia en honor de la Virgen, con las novicias en sus hábitos blancos y su aspecto de pureza, puede conmoverme profundamente.[1]
Capilla del colegio de Buñuel
Culturalmente, soy cristiano. Habré rezado dos mil rosarios y no sé cuántas veces habré comulgado. Eso ha marcado mi vida. Comprendo la emoción religiosa y hay ciertas sensaciones de mi infancia que me gustaría volver a tener: la liturgia en mayo, las acacias floridas, la imagen de la Virgen rodeada de luces. Son experiencias inolvidables, profundas.[2].
Ya sabes que Cristo no me merece ninguna simpatía y que, en cambio, tengo toda clase de respetos hacia la Virgen María.[3]
Esa devoción por la Virgen le viene de familia: Mi padre había pagado un paso para la procesión del Mila­gro, en Calanda, del mejor estilo sansulpiciano. Precioso. Con dos ángeles de tamaño natural, , la Virgen y Pellicer... Lo llevaban trabajadores de las fincas, vestidos de blanco y con cíngulos rojos... Las «hordas rojas» lo destruyeron en mil novecientos treinta y seis. Es una lástima.[4]
En 1908, cuando ingresó en el colegio del Salvador, fue admitido en la Congregación mariana, reservada para alumnos que «se comprometían, bajo la advocación de la Inmaculada Concepción, a un especial cultivo espiritual». «Pertenecí a la Congregación mariana e incluso formé parte de la Junta (con la medalla oval de la Inmaculada y la cinta ancha con los colores azul y blanco)», recordaba, orgulloso, en 1966.[5] También formé parte del coro musical de la Virgen del Carmen. Éramos siete u ocho. Yo tocaba el violín.[6]
De niño él creía en la Virgen: Se pegó un tiro en la mano, y decía: «¡Virgen del Pilar, sálvame! ¡Virgen del Pilar, sálvame!» Eso decía. Sí, era peque­ño Luis. (…) ¿qué tendría? Once años o así.[7]
No sé quién inventó eso de que yo dije que los jesuitas nos enseñaban a masturbarnos en su honor [la Virgen]. ¡Qué barbaridad! Durante el mes de ejercicios mario­lógicos extremaban su rigor en cuanto a nuestra manera de sentarnos, no nos dejaban poner una mano debajo de la mesa, por si además nos pasábamos papelitos, ni descansar la frente en las dos manos, por si nos dormíamos.[8]
Dalí cuenta una anécdota durante uno de sus viajes a Toledo: “Tenía una especie de locura por los conventos de Toledo, le gustaban mucho, mucho, y pasaba todas las noches yendo a oír a las monjas que cantaban allí. Había una pequeña Virgen que le gustaba mucho, y de pronto, delante de la Virgen, se enterneció y empezó a hacer una especie de oración, y después, sin ninguna clase de intermedio, escupió a la Virgen y empezó a insultarla. O sea, pasó de una cosa a otra como lo más natural del mundo.”[9]
Y siguió conservando esa devoción como nos cuenta algún testigo: “Me acuerdo de una vez allí, en plena Semana Santa, en que para evitar una procesión, cogimos una calles que no eran las habituales para salir al sitio donde teníamos el coche y volver a Zarago­za. Entonces, caímos de lleno en medio de otra procesión y se formó una escena absolutamente indefinible, muy difícil de contar, que es la terrible e indisimulable emoción de Luis Bu­ñuel viendo un paso de la Virgen, mirándolo con una intensi­dad enorme. Si nos ponemos a hacer literatura, se podría de­cir que era un hombre que andaba buscando y recordando mucho.
¿Te refieres a sus años en Calanda?
La vía láctea: Bodas de Canaán o Caná
Por supuesto, su emoción ante el paso no tiene nada que ver con la Virgen, sino con la infancia y la adolescencia de Luis, en las que pesa mucho, por supuesto, Zaragoza, pero más, creo yo, Calanda.”[10] 
Que viene a ser lo mismo que afirma el crítico Manuel Alcalá: “Buñuel manifestó que respetaba a la Virgen en su cine porque es como una vuelta a la infancia y su memoria.”[11]
La Virgen llegó a aparecer también en algunos de los sueños que el realizador contó.
Toda esta admiración por la Virgen no tiene nada que ver con su ideología o creencias: Hay gente muy inteligente que cree en Dios. ¿Por qué no, después de todo? Está en la naturaleza humana el buscar una esperanza. En cuanto a mí, no puedo dejar de ser como soy. No he recibido la Gracia que da la fe. Me interesa una vida con ambigüedades y contradicciones. El misterio es bello. Morir y desaparecer para siempre no me parece horrible, sino perfecto. La posibilidad de ser eterno, en cambio, me horroriza. Mira: si mi mejor amigo, muerto hace mucho, se me apareciese, tocase mi oreja con sus dedos y la inflamase instantáneamente, yo no creería que venía del infierno; yo no creería por eso ni en Dios, ni en la Inmaculada Concepción, ni en que la Virgen me puede ayudar en los exámenes. Pensaría sólo: Luis, aquí tienes otro misterio que tampoco comprendes.[12]
"Es lógico que el asentamiento sucesivo de atribuciones a la Virgen María hiciera más y más atractiva su figura para Buñuel, especialmente la de la Inmaculada Concepción [...] El tosco anticlericalismo que en ocasiones se atribuye a Buñuel, quizá pueda hacer aparecer esta obsesión mariana suya como algo irónico y distanciado, pero se equivocaría quien así pensara. Si se exceptúa el Angelus, no hay en su obra asomo de tal cosa cuando se ocupa de estos temas, a diferencia de Cristo, por el que...experimenta el más vivo de los rechazos. Por el contrario, para él la virginidad parece ser el epítome de lo humano, su punto de referencia original, limpio de toda mácula."[13]
Las referencias a la Virgen abundan en la obra del aragonés. En su obra literaria aparece en La jirafa: “En la dieciseisava: Al abrirse la mancha se ve, a dos o tres metros, una Anunciación de Fray Angélico, muy bien enmarcada e iluminada, pero en un estado lamentable, rota a cuchilladas, embadurnada de pez, la figura de la Virgen cuidadosamente ensuciada con excrementos, los ojos reventados a alfilerazos; en el cielo en caracteres muy ordinarios se lee: ABAJO LA MADRE DEL TURCO.”[14] También se la menciona en Ilegible, hijo de Flauta.
Pero donde realmente abundan sus referencias es en su obra cinematográfica. La asociación de la Virgen con el carnuzo tiene en Buñuel su propia economía en relación con el Milagro de Calanda, que asocia la pierna muerta de Miguel Pellicer con la Virgen del Pilar. Volvería a esa connivencia en El bruto (donde la Virgen preside el matadero) y a una similar en La ilusión viaja en tranvía (aunque aquí se trata de un Ecce Homo y no de una Virgen). Pero la que más se acerca a una parodia de las madonnas dalinianas es una imagen de la madre (a la que también se relaciona con las gallinas y los huevos) que, en lo alto de su pedestal, pela manzanas para construir con sus mondas una especie de cordón umbilical con el que apartar a su hijo del pecado carnal.[Subida al cielo][15]
También contrapone Buñuel la Virgen al carnuzo (trozo de carne) en Tristana, donde asocia la Virgen a la pierna amputada de Tristana y en Los olvidados, donde en uno de los sueños la madre de Pedro aparece como una Virgen ofreciéndole un gran trozo de carne a su hijo.
La vía Lactea: milagro del rosario
Donde se ve claramente la ternura que sentía Buñuel por la imagen de la Virgen es sin lugar a dudas La vía láctea (1968). En ella contrapone  la figura de la Virgen María a la de Cristo. "Esta contraposición es, en cierto modo, la que estructura, consciente o subconscientemente, La vía láctea: los misterios de Jesús caen en la parte francesa del Camino de Santiago, y vienen a rendir cuentas de la formación más culturalista de Buñuel, mientras que los de la Virgen se asientan en las nociones más primarias de su tierra española de origen, y concretamente en la Venta del Llopo de Calanda. Además, los episodios que se cuentan en la hospedería son los más homogéneos, y los milagros de la Virgen los relata un cura en largos primeros planos, con un énfasis raro en el realizador. Y allí es donde un alter ego de Buñuel pronuncia su frase contra la tecnología, prefiriendo casi las creencias religiosas. [16]
Hay también en el film una visión de Cristo, de los apóstoles, de la Virgen, de los cuales hace mucho que venía hablando Buñuel. Éste, desde hace años, tenía ganas de mostrar a Cristo con su aspecto tradicional, convencional, con cabellos largos, hermosa túnica, etc., pero moviéndose como un hombre: riendo, cantando, corriendo (lo cual nunca se ve en el cine). Pero pensaba que no valía la pena hacer todo un film sobre ello.[17]
Tengo ganas de hacer una película que vaya en contra del gusto de todos, a contracorriente de todas las ideolo­gías, algo hay ya de eso en La Vía Láctea. Sí, una película en contra de los comunistas, de los socialistas, de los católicos, de los liberales, de los fascistas. Pero yo no entiendo de política. Una política en la que quedara patente mi nihilismo. Una pelícu­la en contra de Cristo, de Buda, de Siva. Cristo era un mal bicho. Pero el Cristo barbado y rubio al que estamos acostumbra­dos; no el mal afeitado y cejijunto de Pasolini. A aquél lo odio. La Virgen, no. La Virgen es adorable. Pero no una Virgen vieja y desdentada como me proponían, sino la Virgen con su velo y su toga tapándole hasta las uñas de los pies.[18]
Tristana
Antes de haber visto yo La vía láctea, él me dijo: Vas a ver, hay una escena muy divertida, muy chusca, me río cada vez que la veo. Es la escena del milagro de la Virgen. Para Luis es una escena extraordinaria porque es puro San Sulpicio, y eso hace reír enormemente a Luis. Pero cuando he visto la película en los cines, donde las gentes no tienen la actitud de Luis hacia los jesuitas, el público no se ríe en esa secuencia. Y estoy seguro de que para la mayoría del público se trata de una secuencia seria. Pero esto forma parte del cine de Luis. No se le puede echar en cara, porque entonces no sería su cine.”[19] Un milagro en serio: creo que lo tomé de Gonzalo de Berceo. Uno de los estudiantes es católico, saca el rosario y explica que sirve para rezar a la Virgen. El otro tira el rosario al aire, le pega un tiro y lo destroza. En la noche, aparece la Virgen y devuelve el rosario intacto.[20]
Como anécdota digamos que Buñuel quiso que la Virgen fuera interpretada por la actriz española Charo López, tal y como ella lo cuenta: “Fuimos al rodaje y recuerdo que, al llegar, Buñuel estaba sentado en la típica silla de director, paró el rodaje, me levantó una mano y me dijo: "¡Venga, venga usted!". Y yo vi que José me dejaba. Me sentí completamente sola. Era como una niña. Me fui hacia él, que dijo: "Por favor, una silla.... Sé que eres la mujer de Jesús García de Dueñas, crítico al que yo admiro mucho". Eso ya era una referencia extraordinaria, aunque yo sentía que me subía la sangre por el cuerpo, porque me sentía muy pequeña, la verdad. Entonces me dijo: "Mira, yo quiero que te hagan unas pruebas, aunque yo ya te daría el papel. Pe­ro estamos en Francia y hay que hacer pruebas. Te vas a ir a que te maquillen, a que te vistan, y luego bajas a la roulotte. Entonces vino a buscarme yo no sé cuánta gente y me dijeron que esperase en la roulotte de Michel Piccoli. Entonces me iluminaron, me pusieron delante de dos cámaras y Buñuel me dijo simplemente: "Mira para los lados, cruza los brazos, bájalos". Y, de pronto, dijo: "Está bien, está bien". Se acercó y me dijo: "Por mí, eres la Virgen. Quiero una Virgen española, como tú; así que esperemos". Dije: "Ah, pues muy bien, don Luis, muchísimas gracias".
Pero no pudo ser por exigencias de los sindicatos franceses.
Esta es la única película de Buñuel en la que aparece la Virgen como personaje, pero aparece en muchas otras, bien en imagen o en los diálogos. Veamos:
En Las Hurdes/Tierra sin pan se una inscripción que dice: «AVE MARIA PURISIMA SIN PECADO CONCEBIDA».
En Él aparece sobre la cama del protagonista un cuadro de la Virgen levemente torcido.
En El Bruto la secuencia que va a presentarnos al protagonista al comienzo de la película se inicia con una imagen de la Virgen de Guadalupe desde la cual se pasa por mediante una panorámica al Bruto, que arrastra canales de buey.[21] La imagen volverá a surgir, ahora en la carnicería donde Paloma y Pedro despacha; mientras se despedaza la carne y Paloma continúa con la seducción de El Bruto.[22] Es una imagen que existía realmente en un matadero mexicano.
El Bruto
Se me ocurrió cuando filmábamos la escena y pedí que trajeran una Virgen de Guadalupe. Había chorros de tequila y vino. Asistieron Dominguín, el torero, y Renato Leduc, el es­critor, que eran amigos de la «porra» de los toros. Los matarifes nos invitaron a comer en vísperas de la corrida de toros que había al día siguiente, o unos días después. Recuerdo que todos los matarifes eran muy anticomunistas. «Somos mexicanos —decían—, no queremos teorías exóticas.» Al entrar en el matadero se veía en un vestíbulo la imagen de la Virgen de Guadalupe en su altar, rodeada siempre de flores y cirios. El día de Guadalupe los mata­rifes iluminan el altar y hay una fiesta formida­ble. Todos gastan miles y miles de pesos aho­rrados para ese día, invitan a los amigos y a mucha gente. La virgen forma parte de su vida, está con ellos en el trabajo. Yo temí que mos­trar eso pudiera parecer irrespetuoso, pero na­die protestó aquí en México.[22a]
En Viridiana, así como la Virgen concibió por obra del Espíritu Santo, es decir por la gracia divina, así también ignora Refugio quién la dejó embarazada. Es realmente difícil ir más lejos en la sutileza de las citas, pero también en la burla de las claves litúrgicas. Y, con todo, Buñuel imprime a su gesto un sentido del humor desdramatizado y no una mera voluntad blasfematoria...[23] La hipocresía de los mendigos viene perfectamente representada por “el cojo”, personaje que pinta retablos, que quiere pintar a Viridiana como Virgen y que más adelante intenta violarla.
En El ángel exterminador se habla de una Virgen de plástico lavable y hay una Virgen pintada en la puerta del baño. También se hace promesa de visitar a la  virgen de Lourdes.
En Tristana se realiza una asociación entre la protagonista y la virgen casi al final de la película, en la escena del balcón: "Tristana se despoja de su prótesis y se exhibe desnuda ante el sordomudo Saturno. Inmediatamente después, la cámara encuadra con el mismo contrapicado toda una serie de vírgenes, hasta topar con la del altar mayor de una iglesia donde ella y don Lope se acaban de casar."[24]
El fantasma de la libertad
En su adaptación de El monje Buñuel introdujo una serie de "variantes marianas que no están en la novela original ni fueron preservadas el rodaje de su guion llevado a cabo por Ado Kyrou. Me refiero a la intervención de la Virgen para salvar la pureza de Antonia, nueva Viridiana que ha quedado dormida gracias al talismán que ha dado el Diablo al malvado monje Ambrosio. Debido a que la Virgen despierta a la madre de Antonia, el religioso ve frustrados sus propósitos."[25]
En El fantasma de la libertad, el punto nodal de todas estas breves historias, en las que guiados por el azar, confluyen la realidad, la fantasía, el misterio y el absurdo, se da en la noche en el albergue, convertido de nuevo en la Venta Quemada, con su continuo abrir y cerrar de puertas que nos remiten a las manchas-caja de la Jirafa: una bailaora y el guitarrista, ambos españoles; la enfermera y los monjes jugando a las cartas y apostando con medallas y escapularios («la Virgen vale diez y los Sagrados corazones veinticinco, ¿no es así?...[26]


[1] Tomás Pérez Turrent y José de la Colina: Buñuel por Buñuel, Plot, 1993, pág.102
[2] Tomás Pérez Turrent y José de la Colina: Buñuel por Buñuel, Plot, 1993, pág.141
[3] Max Aub: Conversaciones con Buñuel, Aguilar, 1985, pág. 136
[4] Max Aub: Conversaciones con Buñuel, Aguilar, 1985, pág. 41
[5] Ian Gibson: Luis Buñuel La forja de un cineasta universal 1900-1938, Aguilar, 2013, pág. 91
[6] Luis Buñuel: Mi último suspiro, Plaza & Janés, 1982, pág. 20
[7] Max Aub: Conversaciones con Buñuel, Aguilar, 1985, pág. 174
[8] Max Aub: Conversaciones con Buñuel, Aguilar, 1985, pág. 159
[9] Salvador Dalí, en: Max Aub: Conversaciones con Buñuel, Aguilar, 1985, pág. 551
[10] Joaquín Aranda, en: En torno a Buñuel, Cuadernos de la Academia, 7-8, agosto 2000, pág. 51
[11] Manuel Alcalá: Buñuel (Cine e ideología),Edicusa, 1973 pág. 146
[12] Luis Buñuel, en: J. Francisco Aranda: Luis Buñuel, Lumen, 1975, pág. 281
[13] Agustín Sánchez Vidal: El mundo de Luis Buñuel, Caja de Ahorros de la Inmaculada, 1993, pág. 146
[14] Luis Buñuel: Obra literaria, Heraldo de Aragón, 1982, pág. 148
[15] Agustín Sánchez Vidal: Buñuel, Lorca, Dalí: El enigma sin fin, Planeta, 1988, pág. 314
[16] Agustín Sánchez Vidal: El mundo de Luis Buñuel, Caja de Ahorros de la Inmaculada, 1993, pág. 147
[17] Jean-Claude Carrière: Spécial Bunuel: La voie Lactée. Simon du désert, juillet-septembre, 1969, pág. 8
[18] Max Aub: Conversaciones con Buñuel, Aguilar, 1985, pág. 159
[19] Ado Kyrou en Max Aub: Conversaciones con Buñuel, Aguilar, 1985, pág. 525
[20] Tomás Pérez Turrent y José de la Colina: Buñuel por Buñuel, Plot, 1993, pág. 151
[21] Agustín Sánchez Vidal: El mundo de Luis Buñuel, Caja de Ahorros de la Inmaculada, 1993, pág. 153
[22] Ramón Moreno Cantero: El bruto. En: Vértigo, nº 11. marzo 1995, pág. 52
[22a]  Tomás Pérez Turrent y José de la Colina: Buñuel por Buñuel, Plot, 1993, pág.67
[23] Vicente Sánchez-Biosca: Escenas de liturgia y perversión en la obra de Buñuel. En: Archivos de la Filmoteca, nº 35, junio 2000, pág. 24
[24] Agustín Sánchez Vidal: El mundo de Luis Buñuel, Caja de Ahorros de la Inmaculada, 1993, pág. 153
[25] Agustín Sánchez Vidal: El mundo de Luis Buñuel, Caja de Ahorros de la Inmaculada, 1993, pág. 147
[26] Víctor Fuentes : Los mundos de Buñuel, Akal, 2000, pág. 195

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